niveles bajos, refuerzos que no arrancan y fallas recurrentes

No fue un golpe. No uno más. Fue un porrazo. Uno Monumental, y no sólo por locación: también por contexto. River quedó eliminado de la Copa de la Liga Profesional ante un Tigre que -incluso con méritos propios a cuestas- no deja de ser un equipo terrenal, con cinco meses de carreteo en Primera y que -con herramientas elementales pero bien utilizadas- lo neutralizó hasta el punto de impedirle ser sí mismo.

Lo alarmante en cualquier caso es que no fue la primera vez que al equipo de Gallardo le ocurrió eso en sus 88 días de competencia activa en 2022. Todo lo contrario. Y eso, por efecto derrame, genera preocupación hacia adelante: de repetirse, ante escenarios de mayor exigencia como en la Libertadores el riesgo de Game Over será altísimo.

La sensación fue que River jugó con otra ten siónUna que no se corresponde con la coyuntura de un equipo que aun habiendo cosechado el 70% de los puntos en los 20 partidos jugados hasta aquí no funcionó con regularidad. Según el glosario de Marcelo Gallardo, hubo “discontinuidad”.

Fue el propio entrenador el que -en esa línea- remarcó que el 1-2 “dolió” y “golpeó” por lo inesperadoAunque ni siquiera él tuvo la reacción de antaño para acelerar modificaciones que urgían por decantación. Por niveles que de nuevo estuvieron por debajo de los estándares del ciclo. Constantes en algunos casos especí ficos que han llevado al Muñeco a pasarla “como el culo” ya reaccionar de manera desmedida e innecesaria ante Atlético.

Quizás los dos goles de Tigre hayan dejado en evidencia los conflictos que afectan al plantel: en el primero hubo des atención defensiva y falta de concentración; en el segundo, un error individual determinante en la última línea, problemática crónica que ya había afectado ante Boca, Argentinos Demasiado, impropio de un River de Gallardo que incluso con puntos débiles siempre fue rocoso al defender.

¿ Qué pasa con el juego?

Enzo Pérez, uno de los niveles individuales bajos en River (Germán García Adrasti).

Enzo Pérez, uno de los niveles individuales bajos en River (Germán García Adrasti).

Dentro de un escenario multicausal, la conjugación de bajones de lucidez individual han afectado a lo colectivo: aunque quizás lo maquilló el rendimiento de Enzo Fernándezgerente de soluciones por asistencias o goles, valores top del campeón de la LPF como Enzo Pérez,, Simón,, Palavecino,, Martínez y hasta Julián no están rindiendo al nivel de las expectativas. Para colmo, a excepción de Juanfer Quintero las incorporaciones to da vía no refuerzan: Pochettino flota pero sin intensidad como para generar sociedades a velocidad, Barco no logra darle sentido colectivo a sus fintas y -de los fichajes defensivos- Herrera es el único que se acopló más por necesidad que por mériEsto reduce entonces la gama de variantes a 13 ó 14 futbolistas ABC1. Y cuando el factor lesiones irrumpe, genera mayores desbalances, propiciando la irregularidad.

La pizarra de Gallardo tampoco ha brindado soluciones, dejando latente el interrogante de si habrá tiempo para una nueva reinvenciónDe hecho, la decisión de jugar con un solo 9 pareció perjudicar a un Julián Álvarez sobrecargado de responsabilidades, lo que le exige máxima atención y desgaste en un semestre en el que posiblemente le resulte di fícil abstraerse de lo julio, cuando el Manchester City lo repesque.

Baja que des nudará un déficit que River intentó infructuosamente resolver en febrero con Valentín Castellanos: la falta de delanteros top. El próximo mercado, en esa línea, será decisivo para incorporar esos puestos en los que existen

El deté entiende que la agenda no ofrece demasiado tiempo para la terapia de recuperación. Y entonces, deberá poner énfasis en situaciones puntuales que hacen a lo colectivo. Y que produjeron daños. “No fue una primera etapa de año mala, pero fuimos discontinuos e irregulares. Tuvimos muy buenos partidos, otros no tanto y algunos malos”resumió Gallardo el primer tramo de competencia de 2022.

River en una de las últimas eliminaciones en mata-mata, frente a Atlético MIneiro.

River en una de las últimas eliminaciones en mata-mata, frente a Atlético MIneiro.

No falló en el diagnóstico: River en estos tres meses pareció disociarse hasta ser varios equipos en uno.

Del mismo modo que justificó con su juego varios triunfos, también le ganó a Argentinos ya Banfield por mera efectividadIncluso llegó a perder / empatar por su déficit en el juego colectivo (con y sin rotación) como o currió frente a Unión, Talleres, Fortaleza, Atlético Tucumán y -claro- Tigre. Lo preocupante de este último partido fue quizás la versión herbívora del primer tiempo de un cuadro habituado a disputar los mata-mata con dosis equivalentes de tensión, oficio, incluso de voracidad. en la Libertadores 21 o frente a Boca en la pasada Copa Argentina.

A corto plazo requiere de una atención especial: con Colo Colo por delante en la agenda, un rival que ya complicó en Santiago, y con la clasificación to davía pendiente -a River le falta un punto para estar en octavos- Gallardo necesita despabilar a su potencial bestia. Porque incluso avanzando, sin Julián ni un mercado eficiente, entonces el riesgo de otro porrazo Monumental será alto.

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