Marisa Monte despliega todo el encanto de su música, en un show audiovisual de alto impacto

Marisa Monte concluye hoy una serie de cuatro recitales en Río de Janeiro (Leo Aversa)
Marisa Monte concluye hoy una serie de cuatro recitales en Río de Janeiro (Leo Aversa)

Des de Río de Janeiro, Brasil. Es otoño en esta cidade maravilhosa pero nadie parece notarlo porque aquí, se sabe y siente, no hay otoño. Eventuales intervalos de llovizna y algo de viento -rebote del ciclón extratropical que sacudió las cosas de Sudamérica durante la semana- no logran atenuar el esp la que fue capital de imperio en el siglo XIX. Río de Janeiro mantiene su latido de a cidade que tem braços abertos num cartão postal. Com os punhos fechados na vida realtal como la describió Herbert Vianna en una inolvidable canción de Paralamas: la ciudad de los brazos abiertos en una postal, con los puños cerrados en la vida real. su gente, los morros y las casitas que se amontonan en sus laderas. Los barrios de São Corrado y Rocinha, tan cerca y tan lejos en términos socioe conómicos, reflejan esa dicotomía única en el mundo: la postal

Hay mucho tránsito, turistas gringos que ya están llegando en cantidad, chicos y chicas que caminan con sus remeras rojas de “Lula 2022 ″, conductores de aplicaciones de movilidad que se presentan como torcedores de un equipo de fútbol pero tambié de (en esta ciudad, la gente es hincha de una scola do samba) y la imagen del presidente Jair Bolsonaro aferrado al brazo del hiper millonario Elon Musk -de visita en Brasil- reproducida en los televisores de los bares. Hay también imá genes de desigualdad explícita. En la vereda de una calle de Ipanema, un muchacho duerme envuelvo en una frazada, a centímetros de la entrada de la sede central de la famosa joyería H. Stern. Nadie parece inmutarse y el ritmo de la ciudad sigue su curso.

Foto: Leo Aversa
Foto: Leo Aversa

Varios kilómetros más allá, una vez atravesados ​​un par de túneles que abren vías de circulación bajo los gigantescos morros, en el interior del estadio que fuera escenario de varias hazañas en los Juegos Olímpicos 2014, Marisa Monte saluda distendida pocos minutos antes de iniciar el primero de cuatro shows. Una serie que concluye este domingo pero que tendrá continuidad en octubre cuando vuelva a presentarse en su ciudad natal. Antes, en septiembre llegará a la Argentina para tocar en el Buenos Aires el viernes 23 de septiembre y en el Teatro El Círculo de Rosario, el domingo 25. “Hermoso teatros, tengo muchas ganas de volver allí”, le dice a Infobae Cultura con una sonrisa que ni el barbijo que lleva puesto -una rareza para esta época aquí en Brasil- logra disimular.

Marisa Monte en vivo –Portas Tour

El encanto y la emoción de este show en el que Marisa Monte presenta su disco Portaspublicado en 2021, reside en variados factores, internos y externos. Por un lado este álbum de 16 delicadas canciones, reflexiones sobre el amor, la soledad de un tiempo hostil y la esperanza en un futuro mejor, rompió un silencio discográ fico de 10 a en la obra de una de las artistas brasileñas más relevantes de este siglo, especie de eslabón perdido entre la generación tropicalista de Gilberto Gil y y Caetano Veloso (que andan por los 80) y el boom global de la artista pop Anitta (29 años), que toca en Coachella y es invitada a la Met Gala. Marisa Monte emergió en los 90 y se consolidó como voz generacional de Brasil para el mundo en los años 00, no solo por sus discos solistas: su participación en el supergrupo Tribalistas, junto al poeta punk paulista Arnaldo Antunes y el carismático percusionista y cantante bahiano Carlinhos Brownterminó por consagrarla como emblema nacional.

Y por otro lado, claro, esto ocurre en un tiempo de reencuentro. Las especiales circunstancias del tiempo de la pandemia -que to davía está ahí, al alcance de una curva ascendente- inevitablemente condicionaron el tiempo de hacer devoto a lo largo y ancho de este gigantesco país de más de 212 millones de habitantes y 8.500 millones de kilómetros cuadrados. Mucho de esa emoción contenida se reveló en la noche del jueves, en el estacio cubierto que ahora lleva el de cos méticos. Allí Marisa Monte presentó su nuevo disco, estrenó una canción que esa misma noche fue subida a plataformas de streaming (la contagiante “Feliz, alegre e forte”), revisitó sus clásicos y también los de Tribalistas.

Fue un show de alto impacto y sensibilidad, con una delicada e imaginativa puesta visual. En los títulos del final proyectados en las pantallas (como si se hubiera asistido a una película), resaltó el nombre de la artista gaúcha Lúcia Koch: imágenes de su serie “Fundos” componen el set de proyecciones de este espectáculo. El director de arte Batman Zavareze proyecta las imágenes de Koch durante las canciones, dentro de una caja es cénica diseñada por Claudio TorresEl resultado es impactante: los efectos visuales cubren la dimensión del escenario y generan una sensación de profundidad espacial en la música.

Foto: Leo Aversa
Foto: Leo Aversa

También hubo tiempo para hablar de la realidad. Con las elecciones presidenciales a la vista y un clima político obviamente enrarecido en vísperas de semejante acontecimiento, ella fue clara: pidió votar con conciencia para todos al hablar de hasta el último concejal de una ciudad) y deseó que se puede elegir normalmente al presidente. “Claramente no éste”, dijo y desató una ovación en medio de los “Fora Bolsonaro” que se hicieron oir durante la noche.

No fue por cierto el único rugido de aprobación de la pequeña multitud repartida en las plateas altas y bajas, y en las mesas ubicadas debajo del escenario de la Arena. alegre e forte ”generó euforia. La canción es 110% marca de fábrica-Monte en su ritmo, lectura pop del tradicional samba carioca, sino también por el mensaje. a los artistas de su tiempo, ilumina una zona oscura e invita a pensar positivo. “Sou feliz, alegre e forte / Tenho amor e sorte / Aonde quer que eu vá”. Es un mensaje que arroja luz en una etapa que todavía se autopercibe sombría. Se percibe.

Videoclip de la canción “Feliz, alegre e forte”, de Marisa Monte. T

Así, el show que se verá en Buenos Aires y Rosario en septiembre, es impecable, con satisfacción garantizada. Las nuevas canciones de Portas (resalta el dueto con Jorge Drexler, “Vento sardo”), clásicos de todos sus tiempos como “Ainda Bem”, “Depois” y “Não Vai Embora”, y los hits de Tribalistas (no faltan, claro, “Já Sei Namorar” ”Y“ Velha in fância ”) son magní ficamente ejecutados por una ajustada banda -todos hombres, en un discreto pero efectivo segundo plano del que eventualmente emergen- que resume buena parte de la historia de la mejor música popular de Brasil de

Resaltan la sobria calidad interpretativa de Dadi Carvalho -histó rico bajista que tocó con Novos Baianos, Barao Vermelho y Tribalistas entre otros-, el guitarrista Davi Moraes (hijo del gran Moraes Moreira), el pianista y guitarrista Chico Brown (un muchacho de sangre azul musical: es hijo de Carlinhos Brown y y nieto de Chico Buarque) y el baterista pernambucano Pupillo Oliveira (parte de la revolucionaria banda de mangue bit Nação Zumbi, productor de moda en la música brasileña del siglo XXI). Ellos brillan secundados por una creativa línea media de vientos integrada por Antônio Neves (trombón), Eduardo Santana (trompeta) y Osvaldo Lessa (saxo y flauta). Detrás y delante, el sambista Pretinho da Serrinha y su eterna sonrisa se lucen en percusión y cavaquinho. “Un equipo de los sueños”, definió Marisa Monte en varias entrevistas con medios brasileños. Tiene razón.

Foto: Leo Aversa
Foto: Leo Aversa

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