En moto de la Patagonia a Alaska: vivió un ritual chamán, casi lo matan los narcos y se ena moró de una mexicana

Diego Saad, con su Kawasaki en Anchorage, Alaska (@ por.la.carretera)
Diego Saad, con su Kawasaki en Anchorage, Alaska (@ por.la.carretera)

Hoy, Diego Saad cumple 44 añosAyer, cuando habló con Infobae, no tenía idea cómo lo iba a festejar. No está en su casa de San Martín de los Andes ni en la de sus padres, Marta y Ricardo, en Buenos Aires. Está en Anchorage, la capital de Alaskaadonde l legó hace un par de semanas des pués de cinco años de viajar en moto desde la Patagonia hasta el extremo norte de América.

“El cumpleaños siempre me agarra en lugares diferentes. A veces con gente, otras solo en una carpa en medio de la montaña. Me compraré un vino y un pedazo de carne. Pero la edad no dice nada, es un número. Yo me siento más joven que a los 30 ″dice. La única compañí a segura es su Kawasaki KLR 650“Es un modelo viejo, pero los que entienden de motos saben que es la más guerrera”. Sobre ella hizo 80 mil kilómetros, muchos más que los 13.277 si se traza una línea entre la puerta de su casa, de donde partió en abril de 2017, hasta su ubicación actual. Son, casi exactamente, dos vueltas al mundo por la línea del Ecuador.

Saad no es un novato en cargar una mochila y salir a la ruta. Aunque, a veces, no hubiera caminos donde estaba. Nació en Posadas, Misiones. Se fue de chico junto a su familia (sus padres y una hermana que falleció) y se radicó, hace 20 años, en San Martín de los Andes. En el medio, vivió un año y medio en la Antártida. “Estuve, como miembro de Parques Nacionales, como observador científico en la Base Orcadas. Convocaron gente y me presenté como voluntario. Un poco lo comparo con este viaje. Son esas cosas que te cambian los conceptos y las prioridades: ahí si no te podían ir a buscar ”sostiene con razón.

Con frío o calor, la ruta y la moto fueron las dos razones que en contró Diego Saad para vivir estos cinco años (@ por.la.carretera)
Con frío o calor, la ruta y la moto fueron las dos razones que en contró Diego Saad para vivir estos cinco años (@ por.la.carretera)

En San Martín trabajó como guía de mon taña y en el Parque Nacional Lanín. También tuvo un bar y un restaurante. Y su hobbie es la fotografíaTodo ello -el temple que le dió la Antártida, su experiencia en la naturaleza y sus conocimientos culinarios- lo salvaron a su debido tiempo en la recorrida de sur a norte. Esta vez, su equipaje es escaso: algo de ropa, una parrilla , una carpa, una Gopro, una Sony Alfa 6300, un dron pequeño, “y ya, todo va en las maletas de la moto. Desde que me fui viajé con lo mismo. Solo reemplacé cosas que se me perdieron”.

El objetivo de este viaje -que, cuenta, “me daba vueltas en la cabeza desde que tengo uso de razón”-, fue “buscar tradiciones, rituales, ceremonias que la gente realiza en forma auténtica, no para la cámara. gente hace y tienen que ver con lo espiritual ”. Con su cámara las fue registrando y algún día serán un documental. Por ahora, suelta algunas imágenes en su cuenta de Instagram @ por.la.carretera y no mucho más. Diego no comulga con aquellos viajeros que hacen un negocio inmediato del viaje colgando videos en youtube. “No me agrada personalmente. Me parece un poco superficial, es mi opinión. darlo a conocer una vez que esto culmine ”.

La pregunta del millón, esa que todos le hacen -y acá no será la excepción- es de qué vive mientras via ja. “Antes de salir uno calcula en qué invertir los ahorros. Mucha gente los tiene y los usa para otra cosa, para comprarse un auto, o algo… En el viaje hago de todo, canjeo trabajo por alojamiento y comida. Hoy en las redes hay muchos grupos donde la gente se ofrece a alojar a quienes viajan en este plan. En algunos sitios es a cambio de nada, de onda, y en otros algún trabajo. podía armar la carpa en un patio y enseguida te invitan a quedarte. Hay que usar todos los recursos ”.

En el Salar de Uyuni, en Bolivia, uno de los paisajes más alucinantes del viaje (@ por.la.carretera)
En el Salar de Uyuni, en Bolivia, uno de los paisajes más alucinantes del viaje (@ por.la.carretera)

En cada pueblo donde elige quedarse, Diego está alrededor de dos semanas. Cuando salió de Neuquén cruzó a Chile. Allí, en la isla de Chiloé, vivió la celebración “más loca que vi. Ellos tienen una costumbre y tradición, que se originó en un hábito necesario para su vida: trasladar sus casas de un lugar a otro, tirándolas con bueyes por el camino. Ellos construyen sin cimientos porque por la actividad ganadera, sea la veranada o la invernada, o por mudarse nomás, tienen por costumbre llevarse la casa entera. juntan todos para ayudar, como una fiesta. Esa costumbre se llama Minga y es una actividad comunitaria. Ver la casa moverse por un camino es una imagen muy surreal. Me divertí mucho ”.

De allí regresó a la Argentina, siempre bordeando la cordillera de los Andes. Volvió a Chile, pasó por San Pedro de Atacama, cruzó a Bolivia por el Salar de Uyuni y de ahí pasó a Perú ya Ecuador. En el pueblo de Otavalo, en ese país, tuvo otra experiencia rayana en lo fantástico: “Ahí viven muchos chamanes y tienen un ritual muy extraño. Tienen la creencia que los malos espíritus ingresan en el cuerpo de la gente, y hay que hacer, dicen, una’limpia’. Agarran licor, toman un trago y encienden una vela. Escupen sobre el fuego y lanzan una llamarada contra el poseído. Parecen un dragón! Y para limpiarlo, la llama tiene que quemar un poco la piel ”.

Uno de los sueños de Saad era “saltar el tapón de Darién”. Así se llama la región selvática que marca el límite entre Colombia y Panamá. Por alguna razón, los gobiernos de ambos países nunca hicieron una conexión. atravesarlo es a pie (con los riesgos que conlleva) o en barco. “No quería hacer el cruce de la forma más común, que es meter el vehículo en un container, mandarlo por ferry e ir en avión. pueblito de la costa de Colombia, Capurganá, subí la moto a un bote y llegué a Puerto Obaldía, en Panamá. Ahí tuve que bajar a buscar al tipo de la aduana para que me sellara la entrada y seguir en bote hasta Puerto Cartí, donde comienza otra vez la carretera ”De Panamá también se llevó el recuerdo del Canal. “Cruzarlo en moto es nada, hay un puente angosto. Pero es muy lindo ver cómo lo atraviesan los barcos, como suben y bajan las esclusas”.

De noche en el desierto en México, donde estuvo los dos años de la pandemia (@ por.la.carretera)
De noche en el desierto en México, donde estuvo los dos años de la pandemia (@ por.la.carretera)

Cuando llegó a México, el viaje de Diego se empantanó por la pandemia. Allí permaneció dos años. Y le pasó todo: lo bueno y lo malo. Tuvo que aplicar lo que aprendió antes de arrancar la moto. “Fue duro, al principio por la incertidumbre de no saber qué pasaba. dependía de mi. Me volvía loco eso. Te decían’el mes que viene abre la frontera’, pero no pasaba nada. Así estuve los primeros cuatro o cinco meses. a Alaska hay que llegar con buen clima, cerca del verano por lo menos. Tuve que decidir si volver o quedarme hasta el próximo verano. Me que dé, cambié el chip y pensé en la manera de sostenerme y dón de vivir ”.

La solución fue pedir permiso en el hostal de Querétaro donde se alojó para construir un horno pizzero. “Lo fabriqué con un tacho de 200 litros de aceite y un tanque de gas. Me puse a hacer pizzas y las llevaba en la moto, como delivery. Funcionó bien y se empezaron a acercar los vecinos. Cuando me fui les enseñé a hacer pizzas y les dejé negocio a los mexicanos, como agradecimiento a la buena vecindad. Espero que las sigan haciendo… ”

La moto fue la única compañera permanente en los últimos cinco años. La excepción: una mexicana de la que se enamoró. Pero la ruta fue más fuerte (@ por.la.carretera)
La moto fue la única compañera permanente en los últimos cinco años. La excepción: una mexicana de la que se enamoró. Pero la ruta fue más fuerte (@ por.la.carretera)

No todo fueron sonrisas. Una tarde, pensó que mori ría. Como se que dó más tiempo de lo previsto, en los primeros meses se movió a lo largo de la frontera, buscando la manera de ingresar a los Estados Unidos en medio de la pandemia. mundo conoce que México vive una situación complicada. Andaba por la carretera, en pleno desierto, donde no se podía estar y me abordaron tres camionetas con tipos armados con ametralladoras. Eran narcos que cuidaban su territorio. En esos días había problem as entre dos grupos. Cuando eso sucede, en los pueblos cercanos declaran una suerte de alerta roja y no sale nadie. Y yo no lo sabía ”.

La situación no se fue de las manos porque el temple que adquirió ese año y medio en la soledad antártica lo ayudó. “Me mantuve muy sereno. Pensé que si era mi último día, ya no tenía por qué preocuparme. No les demostré miedo, porque si te most rás temeroso, ellos van a pensar que es condés algo. Vieron mi placa argentina y hablamos. . No entendí an mi viaje, qué hacía un loco ahí sabiendo lo que pasaba. Al final hasta me palmeó la espalda y me pidió disculpas. Pero peor momento que ese no va a haber… ”

Diego y la ruta 66. Un clásico de los Estados Unidos que cualquier motoquero dirá que es ineludible (@ por.la.carretera)
Diego y la ruta 66. Un clásico de los Estados Unidos que cualquier motoquero dirá que es ineludible (@ por.la.carretera)

Des pués de eso, nada malo le sucedió. “No me accidenté, la moto and uvo bien. Apenas perdí un telé fono. Siempre hay pequeños incidentes con la policía, que es igual en todos los países: quieren sacarte algo. arriba. Después de todo, lo mejor que conocí fue la gente. Hoy se que tengo amigos por todos lados, que están pendientes de mi, que quieren volver a verme, que se hacen parte del viaje más allá que no estén al lado tuyo ”señala.

Y des pués de rozar la muerte l legó la vida. O lo mejor de la vida, que es el amor. “Suce dió aunque no era lo que me había propuesto. Yo no fui a trabajar ni a enamorarme, pero las dos cosas me ocurrieron en México durante la pandemia. Seguramente porque fue donde más tiempo me quedé. , se hace más di fícil. Son aprendizajes y hubo que soltar. Pero queda el buen recuerdo ”explica.

En Alaska se termina el viaje de Diego Saad. Lo sabe. Recorrerá un poco más, hará fotos de los glaciares que le quedan por visitar y emprenderá el camino de norte a sur. El destino es claro: su casa en San Martín de los Andes. “La Patagonia es mi lugar. Y se que la vuelta no será en cinco años, sino en un par de meses. Esto de jó de ser un viaje para ser una etapa importante de mi vida. Y esa etapa se terminó. ”.

La llegada a Alaska. La meca de Diego Saad, donde arribó luego de viajar cinco años (@ por.la.carretera)
La llegada a Alaska. La meca de Diego Saad, donde arribó luego de viajar cinco años (@ por.la.carretera)

A lo largo de la charla, Diego repite que la pandemia lo hizo ver muchas cosas. “Yo via jé bastante, pero en este viaje, en los dos años varados, vi mi vulnerabilidad, y que la pude mane jar. Eso me demostró dos cosas: que no hay un lugar mejor que tu casa y que tengo la fuerza y ​​la capacidad de hacer cualquier cosa. Quiero volcar todo lo que aprendí en el lugar donde quiero estar. Se que, mucha gente se va de Argentina. Pero yo quiero volver, des cuberí que no me puedo desentender tan fácil de mi lugar. también en algún momento de mi vida, pero mi decisión es volver ”.

Lo único que no tiene decidido es cómo pegar la vuelta: si por tramos, si en su moto o en barco. Y, quizás, hacer una parada en México para ver si alguien to da vía lo espera: “De hecho, es una de las ideas también”.

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