El lado barra de la Finalissima: las amistades de La 12 que perduran y del Mundial a la Camorra

La Finalissima entre la Selección y la Azzurra tiene una historia aparte en las tribunas, forjada en el ’90 por la hinchada de Boca y duradera hasta estos tiempos.

  • Argentina, cara a cara con Italia por otro título
El Abuelo
El Abuelo, José Barrita, al mando de La 12 en Argentina –Yugoslavia. (Juha Tamminen)

Cuando esta tarde Argentina e Italia se vean las caras en Wembley, se pondrá en juego el presente de cada uno pero también una historia. Que tuvo grandes capí tulos futboleros y tiene uno de barras bravas poco conocido, pero no por eso menos interesante. Porque a partir de Maradona y la Selección de Bilardo, la barra argentina forjó una amistad con la italianaquizá la única permanente que tuvo en sus largas historias mundialistas.

Todo comenzó en 1990 cuando la barra de la Selección estaba liderada por José Barrita, el Abuelo. La historia venía des de el Mundial de México 86, cuando el Abuelo y un grupo grande de La Doce a compañaron todo el periplo de aquel en el estadio Azteca. La idea era repetir la historia cuatro años des pués. Y mientras el presidente de la AFA, Julio Grondona, le daba aire a la barra de Independiente por entonces liderada por José Fabián Fernández, alias el Gallego Popey, el tándem Maradona-Bilardo quería repetir con La DocePor eso todo 1989 fue reunión de fondos para la barra de Boca, que hizo flamear ese año un trapo gigantesco con la leyenda “Gracias Diego” que respondía a la banca de Maradona.

Dentro de esa movida, Barrita juntó fondos como para enviar un ejército de 150 barras,, lo que quedó en evidencia cuando en el juzgado de Instrucción 29 de Capital Federal se le abrió a él ya su segundo de entonces, Alberto el Chueco Regueiro, una causa por defraudación, amenazas, extorsión, lesiones y privación i legítima de la lib supuesto de que habrían obrado como intermediarios de una agencia de turismo para comprar pasajes y paquetes de estadía para el Mundial vía la extinta aerolínea Scandinavian, los que nunca habrían pagado y cuando personal de la empresa de aeronavegación les reclamó el dinero, por toda respuesta les of recieron violencia y más violencia. La causa, como tantas del mundo barra, finalmente terminó en la nada..

La 12 viaja a Italia para el Mundial, cargada de bombos y banderas

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La 12 viaja a Italia para el Mundial, cargada de bombos y banderas

Lo cierto es que el 6 de junio de ese año, 43 integrantes de la barra tomaron un vuelo desde Ezeiza directo hacia la península. El equipaje era un monumento al exceso: 30 bombos, 35 redoblantes y varias banderas de tamaño importante hicieron colapsar la bodega del aviónAl llegar, se fueron para el predio de Trigoria, que era donde se entrenaba la Selección y era el predio de la Roma. Junto a los barras de Estudiantes, Chicago, Chacarita, Talleres de Córdoba, Vélez y Los Andes, La Doce jugaba de local porque había hecho relación con los violentos de la Curva Sur, la barra de la Romaque les organizó el alojamiento y también el movimiento por la Capital y los contactos para no quedar en la mira de la Seguridad. Fundamental des pués del enfrenamiento con los de Independiente en la zona del Trastevere, donde aunque en medio de la refriega el Gallego Popey, líder de la barra del Rojo, tiró al piso con un cross de derecha al AbueloLa Doce terminó imponiéndose y tomó el mando total de la situación.

De hecho ahí en Roma hicieron base para viajar a Milan para el primer partido contra Camerún y también para el segundo, contra la Unión Soviética, en Nápoles. Y ahí cambió todo. Aunque la idea primigenia era volver a Roma, la base de operaciones de los violentos de la Selección se instaló definitivamente en Nápolesdonde fueron recibidos con honores por Genaro Mutori, alias Palumbella, líder de la Curva B, tal como se apodan los ultra del equipo donde brilló Diego. Es más, tras el Mundial dos miembros de la barra argentina decidieron quedarse en Italia e integrarse a la CamorraEsa relación se cimentaba en un nombre mágico: Maradona, el nuevo patrono de la ciudad en reemplazo de San Gennaro.

Barra Boca 1990
Las tribunas de Italia ’90, con mayoría de hinchas de Boca. (El Gráfico)

Con esa banca, la estadía de la barra se parecía más a un viaje de egresados ​​tardío que a un grupo de aliento a la Selección. diez días más tarde, para ir hasta Turín, donde vieron en vivo y en directo aquel milagroso triunfo por 1 a 0 frente a Brasil. Pero volvieron inmediatamente a Nápoles. Ahí, en el sur de Italia, Barritta creía volver a sus orígenes, que había dejado 35 años atrás cuando sus padres decidieron abandonar Spilinga, un pueblito de la región de Cattanzaro, en la provincia de Calabria, para instalarse en San Justo, en el corazón de La Matanza.

El tema es que des pués de dejar afuera a Yugoslavia, se venía lo mejor, o lo peor, según el cristal con que se observara la situación: la Selección volvía a jugar a Nápoles, la casa de la barra, pero nada menos que contra Italiael país local. Y la prensa tana armó un clima de guerra, aunque Barritta y los suyos tuvieron especial respaldo de la Curva B napolitana. La situación estaba tensa y poco clara, hasta que Diego dio una estocada letal. En la conferencia de prensa del día anterior al match, a firmó: “Me disgusta que ahora les pidan a los napolitanos que sean italianos y alienten a su selección cuando Nápoles fue marginada por el resto de Italia. La han condenado al racismo más injusto, el norte los desprecia, no los considera Italia. pancartas cuando vamos a jugar a Turín, a Milan, donde nos ponen’Bienvenidos a Italia’. ¿ Van a alentar a los que consideran extranjeros en su propio país o me van a apoyar a mí que soy uno de ustedes?..

El golpe de efecto fue totalFuera del lugar, abrazados, hablaban como hermanos Palumbella y el Abuelo. Y el resto de los barras, de la Curva Sur y de la barra de la Selección, terminaron juntos cantando y tomando alcohol. Cuando los periódicos napolitanos vieron esa situón con el líder de la Curva Sur quien a firmó: “Haremos fuerza para que gane Italia, pero respetando y aplaudiendo a nuestros amigos argentinos”. No habría hostilidad: la primera batalla estaba ganada.

La segunda, claro, se dio durante los 120 minutos y la posterior de finición por penales que terminó clasificando a la Argentina para la final. El centenar de barras argentinos si bien no era atacado, estaba en franca minoría en un estadio a bote que se ilusion con el título mundial en casa. La alegría de la barra argentina contrastaba con la tristeza, pero sin agresiones, de los italianos. Esa noche, los integrantes de la Curva Sur ahogaron sus penas en alcohol junto a Barritta y los suyos, que no se atrevieron más que a tomar sin hacer referencias futboleras que pudieran acabar una incipiente amistad entre mafiosos de acá y allá que nunca más se cortóque tuvo en las siguientes generaciones más muestras de afecto (entre ellos el viaje de Rafael Di Zeo y Mauro Martín a Turín en 2015, para un amistoso entre leyendas de la Juventus y de Boca que vieron en platea preferencial y luego conocier manos de los ultras de la histórica Curva Filadelfia, ahora llamada Curva Sud) y que marca la única amistad de la barra de la Selección que se mantiene a lo largo de los años.

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